Los niños aprenden a leer antes de poder sostener los libros con las
manos. Incluso antes de ver bien. Porque al principio leer es escuchar. Cuando
aún están en el vientre, los bebés reconocen las voces de sus padres y esa voz
amorosa que les da seguridad es el hilo que siguen para descubrir el mundo
cuando nacen, momento en el que sus sentidos más desarrollados son el oído y el
tacto. Las palabras de los primeros libros deben dirigirse a esos sentidos para poder
despertar los otros.
La música, el ritmo, las repeticiones y la sonoridad de las nanas y
rimas que les llegan con las voces de sus padres son el primer libro de los
bebés. Un libro que se canta mientras los acariciamos y mecemos, un libro que se
canta para provocar las primeras sonrisas, para decirles que les amamos y que
llegaron a un mundo en el que queremos compartir muchos momentos especiales con
ellos; muchas palabras y emociones, muchas y muy diversas lecturas.
Son los momentos de jugar con canciones y juegos
como éstos:
Según van creciendo, hemos de seguir disfrutando de la lectura con
los más pequeños; pero sin olvidar que vamos a tener múltiples competidores que
les van a distraer de la lectura. Será el momento de ejercer nuestra posición
de padres y buscar la confidencialidad en la lectura frente a al soledad y
ensimismamiento de juegos de ordenador, televisión y otros artilugios
electrónicos; pero estos no se pueden demonizar, dado que forman parte de la
vida que les va a tocar vivir.
Lo que sí tenemos que tener siempre en cuenta es que los ratos que
dediquemos a leer juntos, serán para nosotros momentos mágicos, minutos únicos
en los que pondremos lo mejor de nosotros mismos para embellecernos por dentro
y disfrutar de la compañía de nuestros hijos.

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